Sur de Chile: Mágico

No hay otro adjetivo para denominar el sur de Chile, es realmente mágico.
De acuerdo a la distancia desde las ciudades centrales de Chile como Santiago o Concepción, el recorrido se puede realizar en bus. Cuentan con transporte muy confortable con costo aproximado de  22 USD dependiendo si se elige el más sencillo o el primer piso donde tienen una especie de cabinas individuales que reclinan sus sillas casi en su totalidad, con refrigerio, audífonos, cobija y almohada.
Al llegar a Valdivia mi sorpresa fue total ya que da la ilusión de estar en una isla por la abundancia de lagos y ríos que bañan a esta ciudad, por ello el nombre de su región. Luego continuamos el camino, llegando a la ciudad de Osorno, aprovechando para entablar diálogo con las personas nativas que iban en el bus, cambié varias veces de compañero porque llegaban a su destino y yo continuaba, a demás el acento colombiano y una mujer viajando sola, llaman algo de atención y favorece cuando se quiere conocer la cultura.
Luego llegué al lago Llaquihue, que hago la aclaración, estaba convencida que era el océano ya que es tan grande, que no veía su fin en Puerto Octay. De allí partí para Frutillar y Puerto Varas, que quedan a orilla de este inmenso lago. En Frutillar es imperdible visitar el puente que entra al lago, hace un poco de frío pero es realmente despampanante ver las construcciones en madera que evocan la cultura alemana, todo, con el volcán Osorno de fondo. Encontré en el puente un caballero tocando gaita escocesa que amenizó mi momento. Frutillar es un excelente lugar para no olvidar, es mágico y en mi concepto es un lugar perfecto para ir en pareja o solo, propicia buenas reflexiones.
Puerto Varas
Si Frutillar fue mágico, Puerto Varas fue fabuloso. Ubicado al suroeste del lago y marcado por la cultura alemana goza de unos restaurantes bellísimos y para todos los gustos. Sus calles adornadas con rosas presentan un contraste patrimonial por las construcciones en madera y moderna por los carros, abundancia de extranjeros y las tiendas más representativas y costosas. Por supuesto no podía irme de allí sin cenar en un restaurante italiano, que a parte de tener mi comida favorita, era hermoso desde la entrada hasta los baños. Yo me sentía en un cuento.
La mayoría de mi estadía en el sur, estuve hospedada cerca a Pucatrihue, una zona rural que goza de tener cerca el océano pacífico. Cuenta con paisajes esplendorosos y que no me parecían ser reales. Tuve que estar muy abrigada ya que el viento es fuerte y el frío, por lo que no fui tan valiente de bañarme en el mar.
De allí me trasladé por tierra a Puerto Montt, una ciudad bastante moderna que cuenta con aeropuerto y grandes cadenas de hoteles y tiendas. El volcán Calbuco como una pintura en el fondo, cuenta con un puente tipo muelle para tomarse fotos, observar el frío océano y las aves que transitan por allí. Su terminal de transporte es de forma rectangular y a uno de sus lados tiene el mar, así que esperar allí es un verdadero placer y ¡ojalá se retrasara el servicio! Bueno, para los amantes del mar, como yo.
De Puerto Montt que es la última ciudad del continente como dicen los chilenos, pasé en un bus y este a su vez en ferri de una línea llamada la Cruz del Sur a la isla grande de Chiloé con el único objetivo con el que fui al sur: ¡¡ver pingüinos!!
Chiloé es un lugar que recibe con un gran paisaje rural, con vacas y algunos cultivos. Luego se llega a Ancud, que cuenta con gran oferta de hostales cómodos, confortables y muy familiares, pero lo más importante, a buen precio. Yo me quedé en el Hospedaje Austral de dueños colombochilenos y encontré allí por casualidad tres colombianos con los que compartí el interés por los pingüinos y nos volvimos compañeros de aventura.
Recorrimos Ancud hasta su montaña más alta, obteniendo una vista privilegiada del gran océano azul y de esa parte de la isla, recordando que tiene muchos kilómetros. Recorrimos algunas iglesias católicas y aprendí sobre la llegada de los jesuitas al continente. Almorzamos en un hermoso restaurante con vista al mar y obviamente la mejor oferta era pescado, que fue a un precio cómodo y estuvo delicioso pero acompañado por la gaseosa más costosa que he pagado en mi vida.
Finalmente, hicimos el tour hasta las pingüineras de Puñihuil, que es una bahía donde hay restaurantes, hoteles y agencias que te llevan a ver los pingüinos. En nuestro caso fuimos a un mirados y luego llegamos al tan esperado evento  para mí. El servicio es muy bueno y el clima conspiró a mi favor, ya que en días anteriores había estado suspendido por lluvia. Por disponibilidad y condiciones climáticas, recomiendo realizar este tour temprano, aunque siempre es válido contar con el consejo de los nativos, ya que ellos saben cómo hacerlo de acuerdo a las condiciones cambiantes. Importante, pregutnar mucho.

Fuimos en bote viendo el mar entre azul y verde, sin contaminación visible y de pronto, allí estaban.

Ancud – Chiloé
En rocas que salían del mar, islotes y otros en el agua, estaban los pingüinos de Humboldt y de Magallanes, siendo uno de los pocos lugares del mundo donde se encuentran estas dos especies pero no se combinan con fines de apareamiento. Fue realmente mágico verlos, no sabía si observar o no dejar de tomar fotos y videos, pero fue una experiencia que jamás olvidaré.
Bueno, y hasta aquí llegó mi recorrido por el sur de Chile, sin olvidar que me hablaron de las maravillas de la naturaleza que siguen hacia la fría carretera austral y la antártica que me dejaron con ganas de retomar en Chiloé y continuar.